El Lión viejo ’staba enfermo y a poco murió.

Empués de lloralo el Lión joven y dejalo tapao con ramas que salió a cortar, pensó:—Agora sí que no me queo sin peliar con el Hombre; y salió cordillera aajo a uscalo.

{*} Esta transcripción, aunque no completamente fonética, se aproxima al modo de hablar popular lo suficiente para darse cuenta de él. Sin embargo, debe advertirse que no siempre se han suprimido las eses y zetas, que en numerosos casos no se pronuncian, o suenan como aspiraciones muy tenues, por carecer la imprenta de los signos convenientes y no dificultar más la lectura. Lo mismo puede decirse de la b y de la v, que hay casos en que suenan, pero no con la fuerza que en el lenguaje que usa en Chile la gente educada.[{211}]

[{212}]

28. EL LEÓN Y EL HOMBRE

Lo primero qu’encontró en una d’esas vegas que se jorman aentro e los cajones e la cordillera jué un Caallo flaco.

—¡Bah!—ijo—ese no mi aguanta na. ¿Vos sos el Hombre?—le gritó.

—Yo no soy el Hombre, iñor.

—¿Quién es el Hombre, entonce?

—El Hombre, iñor, tá más p’aajo y es un animal muy malo y muy guapo; a mí me tiene bien dao, y porque no me le quería ar, me metió unos fierros en la oca, mi amarró con unos corriones, y con otros fierros clavaores que se puso en los talones, se me subió encima y mi agarró a pencazos y puyazos por las costillas, hasta que tuve qui hacer su oluntá y llevalo p’onde se li antojaba, y dey me largó p’estos rincones, onde casi me muero di hambre.