—¡A ver, Hombre! callate un poco. ¿Vos sos el Hombre?
—Yo no soy el Hombre; pero mi amo es el Hombre.
—Así m’estaa pareciendo, porque lo que sos vos, no mi aguantay ni la primera trenzá. And’icile a tu amo que vengo a desafialo, a ver si es cierto qu’es el más guapo el mundo comu icen.
Cortó el Perro pa la posisión y lueguito vinu el Hombre con una escopeta cargá.
—¡Bah!—ijo el Lión—qué raro es el Hombre, nu anda con la caeza agachá como toos nosotros. ¿Cómo comerá? anda echao p’atrás! Bah! yo tamién me siento en las patas pa peliar con las manos libres ¿qué gran ventaja mi ha e llevar?... ¿Vos sos el Hombre?—le preuntó cuando lo vió cerca.
—Yo soy el Hombre—le contestó el labrador.
—A peliar contigo vengo pa saer cuál es el más guapo e los dos en el mundo.
—Güeno—le ijo el Hombre—; pero pa que yo pelee tenís que sacame rabia; retame primero y empués te contesto yo.
Prencipió el Lión a insultalo de bandío, saltiaor, coarde, lairón, ausaor, hasta que se cansó e retalo.
—Agora me toca a mí,—ijo el Hombre.—Allá va una mala palaura;—y le largó un escopetazo y le quiebró una pata.