—¿Quién ha asesinado a este hombre?
—Nosotros hemos sido—contesta el mayor.
—¿Y por qué le dieron muerte?
—Por ganar dinero—responde el segundo.
—Entonces van presos los tres—dice el guardián.
—Por muy justa causa—contesta el tonto menor.
Y fueron conducidos a la presencia del juez, quien, por suerte para ellos, les conocía y sabía que eran tontos de nacimiento, que si no, los manda fusilar.
30. LAS TRES GANGOSAS
(Contado por el niño Alfonso González, natural de Santiago, de 12 años, en 1912.)
Para saber y contar hay que escuchar y aprender. Esta era una señora que tenía tres hijas buenasmozonas, pero gangosas, que habían logrado hacerse querer de tres jóvenes, con los cuales se entendían por medio de señas y de cartas, porque la madre les había prohibido que hablaran con ellos, para que no les conocieran el defecto que tenían.
Un día tuvo que salir la señora y les ordenó a las niñas que por nada de este mundo hablaran con sus pretendientes; y encargó a la mayor el cuidado de las ollas que quedaban al fuego, que no se subieran.