—No comprís, pus, gringo leso; pa lo que se me da; ¡cuando la gente se las pelotea y en un dos por tres se las acaba!

34. EL CUENTO DE LOS TRES DIFUNTOS

Encontraron una vez a tres hombres asesinados, que parecían extranjeros. Para identificar sus personas, no encontraron sobre ellos señal alguna; pero al hacerles la autopsia, descubrieron en los intestinos de uno un tallarín, de lo cual dedujeron que era italiano; en los del otro descubrieron un poroto, y se tuvo por signo evidente de que era chileno; en los del tercero no encontraron nada, pero por el habla vinieron a comprender que era alemán.[{223}]

35. EL SACRISTAN QUE HABLA A LOS FIELES.
(Contado por la Srta. Elisa Echeverría L., de Santiago, en 1914).

Un día Domingo amaneció mal de salud el Cura de una parroquia de campo, y encargó al Sacristán que a la hora conveniente dijera al pueblo que el señor Cura no podía decir misa por estar enfermo, pero que era bueno que rezaran el rosario; que el Jueves era vigilia porque el Viernes era San Simón y San Judas; y que Pedro Martínez y María Jiménez iban a contraer matrimonio y que si había algún impedimento, pasaran a avisárselo.

Llegada la hora de la misa, el Sacristán se presentó en el presbiterio y volviéndose al público dijo:

“El señor Cura está enfermo, pero con la Rosario se pone bueno; el Jueves es Viernes, vigilia de Pedro Martínez y María Jiménez; San Simón y San Judas van a contraer matrimonio, si hay algún impedimento, que se presenten a avisarlo”.

Con la falta de costumbre de hablar en presencia de tanta gente, al pobre Sacristán se le trastrocaron las ideas.

36. POR QUE EL JOTE TIENE LA CABEZA Y EL COGOTE SIN PLUMAS.
(Este cuentecillo y los que siguen, hasta el Núm. 40, me fueron contados en Peñaflor, en 1922, por el maestro carpintero Tránsito González).

Unos arrieros llevaban unas cargas de trigo para un pueblo y donde alojaron les sacaron las cargas y los aparejos a las mulas.