—“Venga a acostarse le dicen, y no sea leso.
—“¿Y si llega su marido de repente y me pilla?
—“No sea leso, le digo; mi marido está en Malloco y no llegará hasta mañana con el sol alto.
“¡Qué diablos! la mujer no era fea, y mejor es dormir aunque sea en una pallasa que acurrucado en un rincón. Me desnudé y acosté al lado de la mujer.
“Al otro día, muy temprano, antes que saliera el sol, sentimos que alguien se acercaba cantando al rancho.
—“Es mi marido,—dijo la mujer—¿cómo se habrá venido tan pronto?; pero no importa, vístase ligerito y se mete debajo del catre.
“Apenas me había escondido en el lugar que me dijo la mujer, entra el marido y la mujer le dice:
“—Anda a buscarme leña, Manuel, para hacer lueguito una cazuela, porque he amanecido con antojo.
“Y mientras Manuel iba por leña al sitio, la mujer dijo unas cuantas palabras que no entendí y me volví pavo, y me echó para el corral, donde había muchos otros toda[{256}]vía en su dormidero. Me subí como pude y me metí entre las demás aves, cuando oigo a Manuel que pregunta a su mujer:
—“¿Y ese pavo tan grandazo y tan gordo?