—“Es de la vecina y debe haberse pasado ayer en la tarde.
—“Matémoslo pa que no sea intruso y comimos cazuela ’e pavo con chichoca, ¿qué te parece, Juana?
—“Ya ’sta—contestó la mujer y tomando un palo le asestó un feroz garrotazo al pavo que estaba a mi lado, que cayó redondito al suelo.
“Para qué les cuento mejor el susto padre que pasé, porque, la verdad, creí que la Juana me iba a dar el garrotazo a mí.
“Poco después dijo la mujer a Manuel:
—“Anda a pedirle a mi comadre Mercedes que me dé un poco de chichoca, porque se ha acabado la que teníamos.
“Salió Manuel y la Juana aprovechó el momento de ausencia de su marido para volverme hombre, y me dijo:
—“Váyase ligerito por este camino, y que le vaya bien.
“Y aquí me tienen ustedes que por cierto nunca se habrían figurado que yo he sido caballo y pavo.
—De lo último tuavía le quean rastros, dijo un trabajador por debajujo.