—Pero si aquí estamos solos, y encerradas como vivimos ¿a quién podría confiarle lo que usted me diga?
Entonces él repuso:
—Hija, has de saber que en el monte vecino hay una laguna; dentro de la laguna hay un toro; matando a ese toro, sale de su cuerpo un león; matando a ese león, sale una zorra muy corredora, que nadie la podrá alcanzar; adentro de la zorra hay una paloma; y adentro de la paloma, un huevo. Ese huevo es mi alma, y si llegan a quebrarlo, soy muerto.
Siguieron hablando un rato sobre otras cosas y poco después la niña se retiró a su pieza. Inmediatamente el joven se fué corriendo para la laguna, y apenas había llegado a la orilla, salió el toro bramando y escarbando la tierra que daba miedo.
—Dios y un toro de los más bravos—dijo el joven sacando la varillita y al punto se convirtió en toro y se puso a pelear con el que había salido de la laguna, hasta que lo mató. Por el hocico del toro muerto salió un león, que echaba el cielo abajo con sus rugidos.
—Dios y un león de los más bravos—dijo el joven a la varillita, y convirtiéndose en león, atacó rudamente a su contrario y lo mató. Entonces salió la zorra corredora del hocico del león muerto, y tanto y tan bien corría que no se le veían las patas.
—Dios y un perro zorrero, de los más corredores y más bravos, dijo el joven, y en el mismo instante se volvió[{49}] perro, y tan ligero corría, que las patas no tocaban el suelo. En un momento alcanzó a la zorra y también la despachó.
Mientras tanto el Cuerpo sin Alma se sentía muy enfermo y daba unos quejidos terribles. La niña se acercó a preguntarle qué tenía.
—Retírate, traidora—le dijo el Culebrón—si no quieres que te mate.
Del cuerpo de la zorra salió una paloma, que se perdió en el espacio. El joven dijo: