—Dios y un halcón de los más voladores;—y convertido en halcón dió alcance a la paloma, la mató y le sacó del buche el huevo que tenía guardado y que era el alma del Culebrón.

Poco después se presentó en el palacio y mostrándole el huevo, dijo al Culebrón, que apenas respiraba ya, tan desfallecido estaba:

—¿Conoces esto?

—¿Cómo no lo he de conocer, si es mi alma?

—Te la entregaré si me das el manojo de llaves del palacio.

El Cuerpo sin Alma le entregó las llaves y el joven, disparándole el huevo, le dijo:

—Ahí la tienes.

Pero el huevo le dió en la frente al Culebrón y se reventó, y el Culebrón cayó muerto.

El joven se fué a librar a las tres niñas, pero la menor, que era la que él había visto, no quería que sacase a las otras, porque estaba enamorada de él y temía que sus hermanas, que también eran muy bellas, le robasen su amor. Pero él le dijo:

—Si nosotros también somos tres; mis hermanos se casarán con tus hermanas.