—Ande todo el largo del hilo que contienen estos ovillos y llegará al palacio de un Rey ciego; él le dirá lo que tiene que hacer para encontrar lo que busca.
Ató el niño la punta de la hebra de uno de los ovillos al tronco de un árbol, y despidiéndose de la viejecita se fué, desenrollando el ovillo; concluido éste, hizo lo mismo con el segundo, y después con el tercero, y por fin llegó donde el Rey ciego.
El Rey le preguntó:
—¿Qué desea, joven?
—Vengo de parte de una viejecita que me entregó tres ovillos de hilo y me dijo que su Sacra y Real Majestad me diría cómo debía hacer para apoderarme del Arbol que canta, del Agua de la vida y del Loro adivino, por medio de los cuales podría encontrar a mis padres.
—Para alcanzar todas estas cosas, monta en el caballo que luego van a traerte y lo dejas ir; él, por si solo, te llevará hasta el Arbol que canta, del cual tomarás nada más que el cogollo, que basta, pues, plantado, en tres días será tan corpulento como el Arbol mismo y cantará como él. El Arbol te dirá lo que debes hacer en seguida. Cuidado con incomodar al caballo en lo más mínimo, porque, en cuanto se sienta molestado se deshará de tí y no conseguirás nada.
Si logras salir bien en tu empresa, pasas a verme a la vuelta.
Sol prometió obedecer en todo, se despidió del Rey ciego y montó en el caballo que le acababan de traer,[{85}] que, en cuanto sintió el peso de su jinete, partió a toda velocidad.
Después de siete días de marcha, llegaron caballo y caballero a una plazoleta cubierta de menudo césped y rodeada de hermosos árboles a cuya entrada había dos enormes montones de piedras. El caballo, que hasta entonces se había limitado a correr en línea recta, se puso a hacer cabriolas alrededor de la plazoleta; y Sol, entusiasmado de los movimientos elegantes del animal, le clavó las espuelas, en un momento en que se detuvo, para que continuara; pero el bruto, dando un salto, lo sacó de la silla y lo disparó lejos, convirtiéndose el niño en piedra al tocar el suelo.
Trascurrieron treinta días desde la partida de Sol, y Lucero y Luna perdieron la esperanza de que volviera. Entonces acordaron que Lucero saliese a buscarlo.