El Rey pidió perdón a su esposa por los sufrimientos que tan injustamente le había infligido y la Reina se lo acordó cumplidamente.

Cuando se disponía a regresar a palacio, sintieron gran ruido, como si se acercara numerosa tropa de caballería, y luego se oyeron sones de trompetas y clarines.

Eran el Rey que había recuperado la vista gracias a Luna, y el Príncipe su hijo, que venían a pedir la mano de la princesa, y que, previo consentimiento de la interesada, que lo dió de muy buen grado, le fué concedida.

Las cuñadas del Rey, Flor-Rosa y Flor-Hortensia, fueron atadas de manos y pies a cuatro caballos, los que, partiendo cada uno en opuesta dirección, las descuartizaron.

El matrimonio del Príncipe con Luna se celebró siete días después. Las fiestas de palacio y las organizadas para solaz del pueblo fueron tan espléndidas que todavía se alude a ellas en el reino cuando se quiere ponderar la magnificencia de alguna solemnidad.

Los personajes de este cuento vivieron muchos años y todos fueron muy felices y venturosos.

Y con esto se acaba el cuento del Periquito Sarmiento, que estaba con la guatita al aire y el potito al viento.[{93}]

14. EL MEDIO POLLO[D].
(Contado en 1906 por Polonia González, de 50 años, más o menos, natural de la provincia de Colchagua)

Para saber y contar y contar para saber. Est’era y esterita para secar peritas; est’era y esterones para secar orejones.

Est’era una Gallineta muy buena ponedora y muy buena sacadora; y una vez que puso veinte huevos, se echó y sacó diez y nueve pollitos no más y se levantó muy atingida porque había perdido un huevito.