Todavía tuvo que andar un día más el Medio-pollo, hasta que tropezó con una Zorra que se estaba haciendo la dormida debajo de unos árboles. Entonces el Medio-pollo es que le dijo:
—¿Qué está haciendo ahí, mi comadrita Zorra?
Y es que la Zorra le dijo:
—Aquí estoy, compadrito, medio muerta de hambre. Hace una pila de días que no como ni un racimito de uvas siquiera.
Entonces es que le dijo el Medio-pollo:
—Yo la llevaré, comadrita, donde el Rey; pueda ser que le tenga lástima y le dé alguna cosita que comer.
Métase en mi potito
y tránquese con un palito.
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Bueno, pues. Se metió la Zorra en el buche del Medio-pollo y siguió andando hasta que topó con el palacio del Rey. Y entonces el Medio-pollo, cuando lo llevaron donde el Rey, es que le dijo:
—Mi Rey, mi soberano, aquí he venido desde muy lejazo para traerle a su Sacarrial Majestad esta naranjita de oro, que es regalo que yo le traigo.
Bueno. Entonces el Rey agarró la naranjita y les dijo a sus pajes que llevaran al Medio-pollo al gallinero para que estuviera con todos sus compañeros, y les dijo que le echaran harta gransita, y harto triguito y maicito bastantazo, para que se llenara.