Y entonces cuando dejaron al Medio-pollo en el gallinero, todos los gallos, las gallinas y los pavos se le fueron encima a picotearlo y casi se lo comieron vivo. Y entonces el Medio-pollo, cuando se vió acorralado y que me lo querían avasallar, se fué a un rinconcito, pujó un poquichicho y entonces salió la Zorra y se comió todos los gallos y toditas las gallinas y toditos los pavos, y no dejó ni unito, y se arrancó para la Cordillera; y entonces es que el Medio-pollo se comió todas las gransitas.

Bueno, pues. Entonces al otro día fueron los pajes, con las claras, al gallinero para ver como había amanecido el Medio-pollo, y se quedaron todos patifríos cuando vieron que el Medio-pollo se había comido todas las aves, porque no sabían que se las había comido la Zorra; y entonces se fueron todos apurados donde el Rey y es que le dijeron:

—Señor, el Medio-pollo se ha comido todas las aves y no ha dejado una ni para un remedio.

Entonces es que dijo el Rey:

—Bueno. ¿Qué hacemos entonces con el Medio-pollo? Yo no lo puedo matar porque me ha traído este regalo.

Y es que un paje le dijo:

—Si a su Sacarrial Majestad le parece, lo echaremos al potrero donde están los caballos y los coches de su Majestad y pueda ser que los caballos lo maten a patadas.[{97}]

—Bueno,—es que les dijo el Rey—; pero yo les prohibo que ustedes lo maten.

Y lo echaron al potrero.

Y entonces, cuando el pobrecito Medio-pollo se vió entre las patas de tantísima bestia, le dió miedo como un diablo, y arrimándose a un rinconcito, pujó un poquichicho y echó al León para afuera; y entonces el León se comió a todititos los caballos y no dejó ni unito ni para un remedio; y se arrancó para la Cordillera.