—Si su Sacarrial Majestad me da permiso, yo me voy para mi tierra—es que le dijo el Medio-pollo—porque quiero ver a mi mamita, que estará con cuidado.
El Rey mandó entonces al mayordomo que le diera al Medio-pollo todo el trigo que había en la troje, que era una barbaridad; y entonces el Medio-pollo volvió a pujar y salió el Arriero con todas sus mulitas y cargaron todo el triguito.
Bueno. Entonces cuando llegaron a su tierra, el Arriero y el Medio-pollito se repartieron el trigo como hermanos, hicieron dos pilas igualitas y cada uno agarró la suya.
Entonces la Gallinita se puso muy contenta de volver a ver a su Medio-pollito, y ya nunquita más tuvo que trabajar.
Y aquí se acabó el cuento y se lo llevó el viento.
15. EL BARCO DE LOS TRES HACHAZOS.
(Me lo refirió el Capitán D. Alberto Muñoz Figueroa, de Santiago, en 1922).
Para saber y contar etc.
Han de saber que un Rey tenía en medio del huerto de su palacio un árbol muy corpulento que nunca fué regado sino con aguas de su hija, y esta circunstancia, por disposición de una bruja que había criado a la Princesa, había comunicado al árbol la virtud de que no pudiera ser tocado por ninguna herramienta, so pena de morir el que la manejara, salvo que la operación se hiciera en[{100}] día que no hubiera sido regado directamente por quien tenía la obligación de hacerlo.
Pues bien, el Rey, que conocía esta virtud, hizo publicar por todas partes que no daría la mano de su hija sino a quien fuese capaz de hacer un barco con solos tres hachazos que diera al tronco de aquel árbol.
Muchos pretendientes se presentaron a tentar la prueba, pero todos, al descargar el primer golpe, caían muertos como si hubieran sido heridos por un rayo.