¡Alabado siempre sea!
Mari-Gaila aparta las sardinas de la lumbre y las pone en una escudilla de peltre. Luego saca el pan y la bota de las alforjas del ciego, y hace un lugar al peregrino en torno de la capa remendada, que sirve de mantel. Mientras come la compañía, el ciego, con risa socarrona, huele su sardina puesta sobre una tajada de pan, y alarga la oreja.
EL CIEGO DE GONDAR
El cabezal lo tiene de piedra, pero las muelas aún le ganan. La penitencia es para el mal dormir, que para el mal comer... ¡Contro con el santo!
EL PEREGRINO
Tres días llevaba sin tocar sustento.
EL CIEGO DE GONDAR
¿Indigestado?
EL PEREGRINO
¡Penitente!