no es un profesor de hilaridad;
no cultiva tampoco el enojo, que los escritores graves de su país, estilan en sus libros, ese enojo mortal, capaz de hacer dormir de pie, á un neurótico en cólera;
los libros de Valle-Inclán, no son un éxito de librería, son simplemente una victoria del Arte;
él, no cultiva el Suceso, cultiva la Belleza;
he ahí por qué, en la literatura de su tiempo, es un Extraño y un Aislado;
cuando se es un Artista puro, un Artista apasionado y verdadero, se tiene el derecho de estar orgulloso de esa forma sagrada del suplicio, que es: la Soledad;
la aparente Iniquidad de los hombres, llena una tarea divina: aislando al Artista, lo sublimiza;
confinándolo en su Reino, le vuelve su Soberanía Absoluta; y, extasiado por su Belleza, el Artista entra en el Heroísmo de su Destino, y cumple su Misión: Crear en Belleza;
así la Obra de ese gran Solitario, de ese Excelso Impopular, que es Valle-Inclán.