tiene el color de sus grandes cuadros, el color querido á sus pintores, que más profundamente la han interpretado: negro con Goya; rojo y negro con Velázquez; negro-lívido, con Rivera;
negro y rojo, como sus poemas, sus dramas, toda su poesía y su prosa heroica, antes de la anemia claustral que la enervó y de la aparición de esa literatura delicuescente y pálida, que marcó el cenit de su decadencia, en la postrera mitad del siglo último;
el alma española, es, heroica y claustral;
monástica y bélica;
el poema rojo de la guerra y el salmo negro del monasterio, se unen en ella y la modelan;
su Epopeya, es, un grito enorme de Violencia y de Fe;
lo heroico reside en ella en dosis inverosímiles, y, lo piadoso es una inmensidad;
lo trágico está en el fondo de su vida, un trágico de Atridas, que hace retroceder el alma asombrada, á los más remotos horizontes de la Historia;
Dios, llena toda la historia de aquel pueblo, con el mismo soplo de Heroicidad y de Ferocidad, con que llena Jehová las páginas sonoras de la Biblia;