y, como todos los artistas de aquella época iluminada y bravía, es tan pronto á la inspiración como al combate; y, cerca á su pluma austera, está su sable desnudo;

hay de ascetismo puro, en la vida intelectual de Valle-Inclán, en su amor fosco y apasionado por la Belleza, en su culto al Arte, en el ardor con que lo defiende; en la devoción con que trabaja la hermosura arquitectural de sus frases, su modo maravilloso de expresión, y, el grito de su elocuencia veraz y difusa, llena de un sublime dolor, noblemente cantado, como en el motivo de una sinfonía coral: dolor de Humanidad, enorme, sereno, diáfano como un cielo de Estío;

Valle-Inclán, como toda la juventud intelectual de España, desprecia la política y los políticos y se aisla de ellos, como de una lepra contagiosa;

y, yo, hallaría razón, á aquellos Caballeros del Ideal, desarzonados por el huracán del pesimismo, si no viera, que confunden lamentablemente, los hombres, con las ideas, y, castigan, á éstas, que son inocentes, con el odio que merecen aquéllos, que son culpables...

en la osatura moral, alta y recia de Valle-Inclán, no hay elementos para un político: carece de vértebras;

es un idealista, meditativo y tenaz, casi un iluminado, consciente de su sagrado deber de Iniciador, seguro de que todo Artista, es un Apóstol, por el esfuerzo profundo, y el candor colérico de su Fe;

para mí, el Trinomio del Arte Latino, en Europa, lo forman hoy, estos tres nombres: D'Annunzzio, en Italia; Mæterlinck,* en Francia; y, Valle-Inclán, en España;

[*] Se me dirá que Mæterlinck es belga. Sea. Pero tiene un alma latina. Escribe en francés y su arte y su cultura, francesas son.

leed la prosa impecable de este último, esa prosa lapidada y abrillantada, prosa de un benedictino que fuese un Poeta, y, decidme si la hay más perfecta y, más sonora;