OÑA Malvina, desde lo alto de la escalinata, vigila el reparto de la limosna. Los mendigos, después de recibirla, salmodian un rezo. Florisel va de uno en otro llenando las alforjas. Las dos viejas, Minguiña y la Quemada, la reciben juntas y besan las espigas.

MINGUIÑA

Sé buen cristiano, mi hijo; que en buena casa estás.

FLORISEL

A mí paréceme que la conozco. ¿Vostede no me dijo que era de San Clemente?

MINGUIÑA

De allí soy, y allí tengo todos mis difuntos.

FLORISEL

Yo soy poco desviado.