—¿Qué sucede, hijas mías? ¡Ay, qué sueño malo! ¡Qué sueño malo! ¿Pero qué sucede?

El mayoral levanta la lona y saca una pértiga del fondo del carro:

—¡No hay que asustarse, señoras! Es un caballo muerto.

Estaba tendido en medio de la carretera, casi llenándola de lado a lado, rígido, negro, enorme. Tenía rasgado el vientre, y el bamdullo fuera, en un charco de sangre pegajosa. El mayoral, metiéndole la pértiga y apalancándola por debajo del costillar, le arrumba a un lado del camino. Queda medio enterrado en la cuneta, con el cuello torcido y las cuatro patas en alto:

—¡Lástima de bestia!

El mayoral salta al pescante y empuña de nuevo las riendas. Las tres mujeres, como al comienzo del viaje, se santiguan y rezan. Cruza una tropa de jinetes indios, los rostros oscuros, los turbantes blancos. Hay largas hileras de carros inmóviles sobre un lado del camino, carros de ametralladoras, carros de municiones, carros de forraje. Son tantos que no se pueden contar. Dos automóviles pasan veloces; dejan un rastro de polvo y gasolina; conducen oficiales del Estado Mayor. Nueva tropa de jinetes indios, nuevos carros inmóviles a lo largo del camino, y una difusa fila de infantes, nebulosos, encorvados, taciturnos: Se apoyan en herrados bastones y llevan la mochila a la espalda. Al atravesar una aldea se oye una gaita de escoceses. Dos viejos rurales detienen el carro; el mayoral les entrega la orden de ruta, y se la devuelven tras de leerla a la luz de un farol. El carro torna a rodar. Una de las muchachas no cesa en su queja:

—¡Ay, Virgen Santa!... ¡Se me rompe el cuerpo de dolor!

CAP. XVII

Ahora, a uno y otro lado del camino, aparecen campos cubiertos de cruces: Se agrandan sus brazos en el vaho de bruma que llena los ámbitos de la noche, y toda su forma se difunde en un halo. Sobre el talud de la carretera reposa larga fila de muertos: Cavan cuatro azadones y se percibe el olor de la tierra removida. Anda un grupo de soldados identificando los cadáveres, y los rostros lívidos surgen de pronto bajo el cono de luz de las linternas. Habla una voz en la sombra: