—Nosotros no habremos hecho ninguno... No haremos prisioneros en muchos días.
Los oficiales se miraron, y uno aventuró:
—Sin embargo, ayer y hoy nosotros también hemos tenido un gran triunfo.
El General Murray hizo un gesto de asentimiento:
—Pero sin prisioneros.
Sir Guillermo Scott, el general viejo, reía con risa cascada, al mismo tiempo que se llenaba una copa de whisky:
—¡Sin prisioneros! ¿Verdad, señores, que los partes sin prisioneros son poco decorativos?
Sir Francisco Murray le miró como se mira a un niño:
—Dejemos lo teatral para los alemanes. Nuestros partes son partes ingleses. En muchos días no haremos prisioneros, porque es preciso castigar la felonía de aquellos prusianos que se acercaron gritando que se rendían, y a mansalva, seguros de que los ingleses no pueden tirar contra el enemigo que se entrega, atacaron nuestras trincheras con granadas de mano.