—Sabe que obtuve del Rey la orden para que le fusile Lizárraga.
Fray Ambrosio enderezó su encorvado talle de gigante:
—¡Mal hecho! ¡Mal hecho! ¡Mal hecho!
Yo repuse con imperio:
—El cura es un bandido.
—En la guerra son necesarios esos bandidos. ¡Pero claro, como esta no es guerra sino una farsa de masones!
No pude menos de sonreir.
—¿De masones?
—Sí, de masones: Dorregaray es masón.
—Pero quien quiere cazar a la fiera, quien ha jurado exterminarla, es Lizárraga.