—¿Marqués, llevabas ese uniforme en México?
Y Don Jaime, desde el lado de su madre, alzó su voz autoritaria de niño primogénito:
—¡Qué tonta eres! Nunca conoces los uniformes. Ese uniforme es de zuavo pontificio, como el del tío Alfonso.
Con familiar gentileza, el Príncipe vino también hacia mí:
—¿Marqués, es verdad que en México los caballos resisten todo el día al galope?
La Infanta interrogó a su vez.
—¿Y es verdad que hay unas serpientes que se llaman de cristal?
—También es verdad, Alteza.
Los niños quedaron un momento reflexionando: Su madre les habló: