—Xavier, voy a causarte una gran pena. Yo ambicioné que tú me quisieras como a esas novias de los quince años. ¡Pobre loca! Y te oculté mi vida.

—Sigue ocultándomela.

—¡He tenido amantes!

—¡La vida es así!

—¡No me desprecias!

—No puedo.

—¡Pero te sonríes!...

Yo le respondo cuerdamente:

—¡Mi pobre María Antonieta, me sonrío porque no hallo motivo para ser severo! Hay quien prefiere ser el primer amor: Yo he preferido siempre ser el último. ¿Pero acaso lo seré?

—¡Qué crueles son tus palabras!