—Sí que estás loca... Loca por mí.
Ella repitió con gentil enojo:
—¡No! ¡No! ¡No!...
—Sí.
—Vanidoso.
—¿Pues entonces, para qué quieres tenerme a tu lado?
Concha me echó los brazos al cuello y exclamó riendo, después de besarme:
—¡La verdad es que si tanto te envaneces de mi cariño será porque vale mucho!
—¡Muchísimo!
Concha pasó sus manos por mis cabellos, con una caricia lenta: