—¡Sois brujo!... ¡Han dicho la verdad!... ¡Sois brujo!...

Luego, rehaciéndose, quiso huir, pero yo la detuve:

—Escuchadme.

Ella me miraba con los ojos extraviados, haciendo la señal de la cruz:

—¡Sois brujo!... ¡Por favor, dejadme!

Yo murmuré con desesperación:

—¿También vos me acusáis?

—¿Decid entonces, cómo habéis sabido?...

La miré largo rato en silencio, hasta que sentí descender sobre mi espíritu el numen sagrado de los profetas:

—Lo he sabido, porque habéis rezado mucho para que lo supiese... ¡He tenido en un sueño revelación de todo!...