—¡Qué valedor!
La comadre aprobaba mansamente. Había velado el tiro con el propósito de ir luego a catearlo. El Coronelito se quitó una sortija:
—Con esto podrás remediarte.
La chinita se echó por tierra, besando las manos al valedor.
VI
El Cruzado se metía puertas adentro, para ponerse calzones y ceñirse el cinto del pistolón y el machete. Le sigue la coima:
—¡Pendejada que resultare fulero el anillo!
—¡Pendejada y media!
La chinita le muestra la mano, jugando las luces de la tumbaga:
—¡Buenos brillos tiene! Puedo llegarme a un empeñito para tener cercioro.