—Si corres uno solo pudieran engañarte.

—Correré varios. A ser de ley, no andará muy distante de valer cien pesos.

—Tú ve en la cuenta de que vale quinientos, o no vale tlaco.

—¿Te parés lo lleve mero mero?

— ¿Y si te dan cambiazo?

—¡Que esperanza!

VII

El Coronelito, sobre la puerta del jacal, atalayaba el Campo del Perulero.

—No te dilates, manís.

Ya salía el cholo, con el crío en brazos y la chinita al flanco. Suspira, esclava, la hembra: