—¿Cuándo será la vuelta?
—¡Pues, y quién sabe! Enciéndele una velita a la Guadalupe.
—¡Le encenderé dos!
—¡Está bueno!
Besó al crío, refregándole los bigotes, y lo puso en brazos de la madre.
VIII
El Coronelito y Zacarías caminaron por el borde de la gran acequia hasta el Pozo del Soldado. Zacarías echó al agua un dornajo, atracado en el légamo, y por la encubierta de altos bejucales y floridas lianas remontaron la acequia.
LIBRO SEGUNDO
LA TUMBAGA