—El Coronel Gandarita pignoró este solitario el pasado agosto... Lo retiró el 7 de octubre. Te daré cinco soles.

Salmodió la chinita, con una mano sobre la boca:

—¿En cuánto estuvo? Eso mismo me dará el patroncito.

—¡No te apendejes! Te daré cinco soles, por hacerte algún beneficio. A bien ser, mi obligación era llamar horita a los gendarmes.

—¡Qué chance!

—Esta prenda no te pertenece. Yo, posiblemente, perderé los cinco soles, y tendré que devolvérsela a su dueño, si formula una reclamación judicial. Puedo fregarme por hacerte un servicio que no agradeces. Te daré tres soles y con ellos tomas viento fresco.

—¡Mi jefecito, usted me ve chuela!

El empeñista se apoyó en el mostrador con sorna y recalma:

—Puedo mandarte presa.

La chinita se rebotó, mirándole aguda, con el crío sobre el anca y las manos en la greña: