—¡A mucha honra! Un gachupín no ampara el robo.
—¡Pero lo ejerce!
—¡Tú te buscas algo bueno!
—¡Mala casta!
—¡Voy a solfearte la cochina cuera!
—De mala tierra venís, para tener conciencia.
—¡No me toques a la patria, porque me ciego!
El empeñista se agacha bajo el mostrador y se incorpora blandiendo un rebenque.
II
Metíase, vergonzante, por la puerta del honrado gachupín, la pareja del ciego lechuzo y la niña mustia. La niña detuvo al ciego sobre la cortinilla roja de la mampara vidriera. Musitó el padre: