—¿Con quién es el pleito?

—Una indita.

—¡Hemos venido en mala sazón!

—¡Pues y quién sabe!

—Volveremos luego.

—Y hallaríamos el mismo retablo.

—Pues esperemos.

El empeñista se adelantó, hablándoles:

—Pasen ustedes. Supongo que traerán los atrasitos del piano. Son ya tres plazos los que me adeudan.

Murmuró el ciego: