—Solita, explícale la situación y nuestros buenos deseos al Señor Pereda.

Suspiró, redicha, la mustia:

—Nuestro deseo es cumplir y ponernos al corriente.

Sonrió el gachupín con hieles judaicas:

—El deseo no basta, y debe ser acompañado de los hechos. Están ustedes muy atrasados. A mí me gusta atender las circunstancias de mis clientes, aun contrariando mis intereses: Esa ha sido mi norma y volverá a serlo, pero con la revolución, todos los negocios marchan torcidos. ¡Son muy malas las circunstancias para poder relajar las cláusulas del contrato! ¿Qué pensaban abonar horita?

El ciego lechuzo torcía la cabeza sobre el hombro de la niña:

—Explícale nuestras circunstancias, Solita. Procura ser elocuente.

Murmuró, dolorosa, la chicuela:

—No hemos podido reunir la plata. Deseábamos rogarle que esperase a la segunda quincena.

—¡Imposible, cholita!