—Taitita, no hagas una cólera.

El ciego golpeaba en el umbral con el hierro del bastón:

—Este judío gachupín nos crucifica. ¡Te priva del pianito cuando marchabas mejor en tus estudios!

III

La otra chinita del crío al flanco, sale de un rincón de sombra, con cautela de blandas pisadas:

—¡Don Quintinito, no sea usted tan ruin! ¡Devuélvame la tumbaguita!

De una mano requiere el tapado, de la otra hace señal a la mustia pareja porque atienda y no se vaya. El empeñista azota el mostrador con el rebenque:

—¡Se me hace que vas a buscarte un compromiso, so pendeja!

—¡Vuélvame la tumbaguita!

—Tanicuanto regrese mi dependiente lo mandaré a entrevistarse con el legítimo propietario. Ten un tantito de paciencia, hasta cuando que haya sido evacuada la diligencia. Mi crédito debe serte muy suficientemente garante. En el entanto, la alhajita queda aquí depositada. Ponte, merito, en la banqueta y no me dejes aquí los piojos.