Melquíades, sentado al pie del mostrador, buscaba en el cajón los alicates.
—“El Criterio” viene opuesto al cierre de cantinas que tramitan las Representaciones Extranjeras.
—¡Como que se vejan los intereses de muchos compatriotas! Los expendios de bebidas están autorizados por las leyes, y pagan muy buena matrícula. ¿Ha vertido alguna opinión Don Celestino?
—Don Celes se guía por que todo el comercio de españoles se haga solidario, y cierre en señal de protesta. Para eso es la junta de notables en el Casino.
—¡Qué esperanza! Esa opinión no puede prevalecer. Acudiré a la junta y haré patente mi disentimiento. Es una orientación nociva para los intereses de la Colonia. El comercio cumple funciones sociales en todos los países, y los cierres, cuando la medida no es general, solo ocasionan pérdida de clientes. El Ministro de España, si llegado el caso, se conforma al cierre de los estipendios de bebidas, se hará, de cierto, impopular con la Colonia. ¿Cómo respira Don Celestino?
—No mentó el tópico del Ministro.
—La junta de notables debía concretarse a fijar la actuación de ese loco de verano. Necesita orientaciones, y si se niega a recibirlas, aleccionarle, solicitando por cable la destitución. Para un fin tan justificado yo me suscribiría con una cuota.
—¡Y cualquiera!
—¿Por qué no lo haces tú, so pendejo?
—Ponga usted en mi cabeza el negocio, y verá si lo hago.