—Tú dirás.

—Merito se le ha puesto en la calva tronarme al chingado Banderas. Albur pelón y naipe contrario, mi amigo, que dicen los Santos Padres. Más bruja que un roto y huyente de la tiranía me tienes aquí, hermano. Filomeno, me voy al campo insurrecto a luchar por la redención del país, y tu ayuda vengo buscando, pues tampoco eres afecto a este oprobio de Santos Banderas. ¿Quieres darme tu ayuda?

El ranchero clavaba la aguda mirada endrina en el Coronelito de la Gándara:

—¡Te ves como mereces! El oprobio que ahora condenas dura quince años. ¿Qué has hecho en todo ese tiempo? La Patria nunca te acordó cuando estabas en la gracia de Santos Banderas. Y muy posible que tampoco te acuerde ahora y que vengas echado para sacarme una confidencia. Tirano Banderas os hace a todos espías.

Se alzó el Coronelito:

—¡Filomeno, clávame un puñal, pero no me sumas en el lodo! El más ruin tiene una hora de ser santo. Yo estoy en la mía, dispuesto a derramar la última gota de sangre en holocausto por la redención de la Patria.

—Si el pleito con que vienes es una macana, allá tú y tu conciencia, Domiciano. Poco daño podrás hacerme, dispuesto como estoy para meter fuego al rancho y ponerme en campaña con mis peones. Ya lo sabes. La pasada noche estuve en el mitin, y he visto con mis ojos conducir esposado, entre caballos, a Don Roque Cepeda. ¡He visto la pasión del justo y el escarnio de los gendarmes!

El Coronelito miraba al ranchero con ojos chispones: Inflábale los rubicundos cachetes una amplia sonrisa de ídolo glotón, pancista y borracho:

—¡Filomeno, la seguridad ciudadana es puro relajo! Don Roque Cepeda tarde verá el sol, si una orden le sume en Santa Mónica: Tiene las simpatías populares, pero insuficientemente trabajados los cuarteles, y con meros indios votantes no sacará triunfante su candidatura para la Presidencia de la República. Yo hacía política revolucionaria y he sido descubierto, y antes de ser tronado, me arranco la máscara. ¡Mi viejo, vamos a pelearle juntos el gallo a Generalito Banderas! ¡Filomeno, mi viejo, tú de milicias estás pelón, y te aprovecharán los consejos de un científico! Te nombro mi ayudante. Filomeno, manda no más a la mucama que te cosa los galones de capitán.

Filomeno Cuevas sonreía: Era endrino y aguileño: Los dientes alobados, retinto de mostacho y entrecejo: En la figura prócer, acerado y bien dispuesto: