—¡Taitita, querés vos poneros trompeto!

—Hija, necesito consolarme.

Zacarías levantó su botella y llenó los vasos de la niña y el ciego:

—Jalate no más. La cabrona vida solo así se sobrelleva. ¿Qué se pasó con la chinita? ¿Fue denunciada?

—¡Qué chance!

—¿Y la denuncia la hizo el gachupín chingado?

—Para no comprometerse.

—¡Está bueno! Al Señor Peredita dejátelo vos de mi mano.

Cargó el saco y se caminó, con el perro a la vera, el alón de la chupalla sobre la cara.

V