—Esas preguntas, yo me abstengo de resolverlas.

—Acaso porque no se las formula con bastante ahínco.

—Acaso.

—¿Y el enigma, tampoco le anonada?

—Procuro olvidarlo.

—¿Y puede?

—He podido.

—¿Y al presente?

—La cárcel siempre es contagiosa... Y si continúa usted platicándome como lo hace, acabará por hacerme rezar un Credo.

—Si le enoja dejaré el tema.