Advirtió el Roto:

—Ha doblado.

—Mata la pinta.

—¡Va!

El Roto corrió la puerta y vino de patas el rey de bastos. Nachito, ilusionado con la ganancia cobró y de lleno metiose en los albures. Por veces se levantaba un borrascón de voces, disputando algún lance. Nachito tenía siempre el santo de cara, y viéndole ganar el caviloso espectro hepático le pagó la remota sonrisa dirigiéndole un gesto fláccido de mala fortuna. Nachito, con una mirada, le entregó su atribulado corazón:

—En nuestra lamentosa situación, ganar o perder no hace diferencia. Foso-Palmitos a todos iguala.

El otro denegó con su gesto fláccido y amarillo de vejiga desinflándose:

—Mientras hay vida, la plata es un factor muy importante. ¡Hay que considerarlo así!

Nachito suspiró:

—¿A un reo de muerte qué consuelo puede darle la plata?