—Cuando menos, este del juego para poder olvidarse... La plata, hasta el último momento, es un factor indispensable.
—¿Su sentencia también es de muerte, hermano?
—¡Pues y quién sabe!
—¿No se fusila a todos por igual?
—¡Pues y quién sabe!
—Me abre usted un rayo de luz. Voy a meter cincuenta soles en el entrés.
Nachito ganó la puesta, y el otro arrugó la cara con su gesto fláccido:
—¿Y le sopla siempre la misma racha?
—No me quejo.
—¿Quiere que hagamos una fragata de cinco soles? Usted la gobierna como le plazca.