—Cinco golpes.
—Como le plazca.
—Vamos en la sota.
—¿Le gusta esa carta?
—Es el juego.
—Quebrará.
—Pues en ella vamos.
El Roto tiraba lentamente, y corrida la pinta para que todos la viesen, quedábase un momento con la mano en alto. Vino la sota. Nachito cobró, y repartida en las dos manos la columna de soles, cuchicheó con el amarillo compadre:
—¿Qué le decía?
—¡Parece que las ve!