—¿Y está suficientemente dilucidada su simpatía con el utopismo revolucionario? Convendría pedir un informe al Negociado de Policía. Cumplimente usted esa diligencia, Mayor del Valle. Teniente Morcillo, usted encárguese de tramitar las órdenes oportunas para la pronta captura del Coronel Domiciano de la Gándara. El Comandante de la Plaza que disponga la urgente salida de fuerzas con el objetivo de batir toda la zona. Hay que operar diligente. Al Coronelito, si hoy no lo cazamos, mañana lo tenemos en el campo insurrecto. Teniente Valdivia, entérese si hay mucha caravana para audiencia.
Terminada la rasura de la barba, el fámulo tilingo le ayudaba a revestirse el levitón de clérigo. Los ayudantes, con ritmo de autómatas alemanes, habían girado, marcando la media vuelta, y salían por lados opuestos, recogiéndose los sables, sonoras las espuelas:
—¡Chac! ¡Chac!
El Tirano, con el sol en la calavera, fisgaba por los vidrios de la ventana. Sonaban las cornetas, y en la campa barcina, ante la puerta del convento, una escolta de dragones revolvía los caballos en torno del arqueológico landó, con atalaje de mulas, que usaba para las visitas de ceremonia Niño Santos.
III
Con su paso menudo de rata fisgona, asolapándose el levitón de clérigo, salió al locutorio de audiencias Tirano Banderas:
—¡Salutem plurimam!
Doña Rosita Pintado, caído el rebozo, con dramática escuela, se arrojó a las plantas del Tirano:
—¡Generalito, no es justicia lo que se hace con mi chamaco!
Avinagró el gesto la momia indiana: