II
Sin anuncio del ayuda de cámara, entró, gambetero, Currito Mi-Alma. El niño andaluz se detuvo en la puerta, marcó un redoble de las uñas en el alón del cordobés, y con un papirote se lo puso terciado. En el mismo compás levantaba el veguero al modo de caña sanluqueña, entonado, ceceante, con el mejor estilo de la cátedra sevillana:
—¡Gachó! ¿Te has pintado para la Semana de Pasión? Merlín te ha puesto la propia jeta de un disciplinante.
Su Excelencia se volvió, dando la espalda al niño marchoso:
—¡Eres incorregible! Ayer, todo el día, sin dejarte ver el pelo.
—Formula una reclamación diplomática. Horita salgo del estaribel, que decimos los clásicos.
—Deja la guasa, Curro. Estoy sumamente irritado.
—La veri, Isabelita.
—¡Eres incorregible! Habrás dado algún escándalo.
—Ojerizas. He dormido en la delega, sobre un petate, y esto no es lo más malo: La poli se ha hecho cargo de mi administración y de toda la correspondencia.