El Ministro de España se incorporó en las almohadas y al faldero, suspendiéndole por las lanas del cuello, espatarró en la alfombra:
—¿Qué dices?
El Curro afligió la cara:
—¡Isabelita, un sinapismo para puesto en el rabo!
—¿Dónde tenías mis cartas?
—En una valija con siete candados mecánicos.
—¡Nos conocemos, Curro! Te vienes con ese infundio idiota para sacarme dinero.
—¡Que no es combina, Isabelita!
—Curro, tú te pasas de sinvergüenza.
—Isabelita, agradezco el requiebro, pero en esta corrida solo es empresa el Licenciado López de Salamanca.