El representante de Su Majestad Católica echó los pies fuera de la cama, agarrándose la cabeza:
—¡Si trasciende a los periódicos se me crea una situación imposible! ¡Cuando menos su silencio me cuesta un riñón y mitad del otro!
—Dale changüí a Tirano Banderas.
El Ministro de España se levantó apretando los puños:
—¡No sé cómo no te araño!
—Una duda muy meritoria.
—¡Currito, eres un canalla! Todo esto son gaterías tuyas para sacarme dinero, y me estás atormentando.
—Isabelita, ¿ves estas cruces? Te hago juramento por lo más sagrado.
El Barón repitió, temoso:
—¡Eres un canalla!