Don Celes arrastró una mecedora, y se apoltronó, siempre abanicándose con el panameño:

—Si ocurriese algún desbordamiento de la plebe, yo haría responsable a Don Roque Cepeda. ¿Ha visto usted ese loco lindo? No le vendría mal una temporada en Santa Mónica.

El Director de “El Criterio Español” se inclinó, confidencial, apagando la procelosa voz, cubriéndola con un gran gesto arcano:

—Pudiera ser que ya le tuviesen armada la ratonera. ¿Qué impresiones ha sacado usted de su visita al General?

—Al General le inquieta la actitud del Cuerpo Diplomático. Tiene la preocupación de no salirse de la legalidad, y eso, a mi ver, justifica la autorización para el mitin... O quizás lo que usted indicaba recién. ¡Una ratonera!...

—¿Y no le parece que sería un golpe de maestro? Pero acaso la preocupación que usted ha observado en el Presidente... Aquí tenemos al Vate Larrañaga. Acérquese, Vate...

VI

El Vate Larrañaga era un joven flaco, lampiño, macilento, guedeja romántica, chalina flotante, anillos en las manos enlutadas: Una expresión dulce y novicia, de alma apasionada: Se acercó con tímido saludo:

—Mero mero, inició los discursos el Licenciado Sánchez Ocaña.

Cortó el Director: