Clamó la madre:
—¡Tú me matas, negro de Guinea!
—¡Nada malo puede venirme!
La gigantona se debatió, asombrada en una oscuridad de dudas y alarmas:
—¡Mayorcito del Valle, dígame usted lo que pasa!
Interrumpió el mozuelo:
—Uno que entró perseguido, y se fugó por la ventana.
—¿Tú qué le has dicho?
—Ni tiempo tuve de verle la cara.
Intervino el Mayor del Valle: