—Con hacer esta declaración donde corresponde, todo queda terminado.
Plegó los brazos la gigantona:
—¿Y el que escapaba, se sabe quién era?
Nachito sacó la voz entre nieblas alcohólicas:
—¡El Coronel de la Gándara!
Nachito, luciente de lágrimas, encogido entre dos soldados, resoplaba con la alcuza llorona pingando la moca. Aturdida, en desconcierto, le miró Doña Rosita:
—¡Valedor! ¿También usted llora?
—¡Me he suicidado!
El Mayor del Valle levanta el charrasco y la escuadra se apronta, sacando entre filas al estudiante y a Nachito.