—Ah, ¿sí?... No te lo perdonaré nunca...

Se hizo un silencio largo en que ella se sentía como ese pino que sólo encuentra arenas para sus raíces y siente el embate del mar y su amenaza de retorcerle las muñecas con esos vientos que acuestan y aculebrinan los árboles...

Era un vil ejecutante de los que se visten de romántico y aguantan los deliquios de las señoras.

El reanudó la conversación:

—Los pinares han de tener lobos para tener encanto... ¿Hay aquí lobos?

—Siempre quedan lobos en la noche de los pinares.

—¡Ah! ¡Lobos supuestos! ¡Valiente cosa!

¡Qué pena no compartir las suposiciones y fantasías que merece el mundo! ¡No coincidir en el mismo escalofrío y la misma sospecha!

Pasó la bandada de pájaros como una larga hilera de puntos suspensivos... Nunca tan oportunos...

Lo que leían en el paisaje se cortó como se corta un capítulo por varias líneas de puntos suspensivos.