—Me voy esta noche... No tengo otro remedio... Si no salgo esta noche tú sabes que no podría tomar el tren de mañana... Dormiré en el Francfort.

Bajaron rápidamente del coche. Ella estaba muy pálida. Tanto, que la doncella que salió a recibirla puso una gran ternura y una gran avidez en su «Mía Señora».

—¿Qué le pasa a «Mía Señora»?

Armando, en plena hipocresía, subió corriendo a su habitación, y gritó:

—¡Las maletas!

Fue preparando todas las cosas sobre las butacas y la cama. En aquel apresuramiento, la mentira parecía tener algo de verdad.

Ella, después de haber llorado, se asomó a la alcoba.

—¿Pero te lo llevas todo?

El se volvió inquieto. «¿Quizá desconfiaba ella?»

—Tú sabes que todo se puede necesitar cuando no sabe uno qué va a pasar..., qué tiempo va a tener que estar a la cabecera de una enferma...