También venía aquí el mar a reponerse, a rehacer las fuerzas deshechas de tan trabajado y rebatido como se siente y está después de tantos siglos de labor.
Su lengua más vieja, su verbo más usado, era el que se adunaba y se reponía allí.
II
INTERIOR DE LA QUINTA
En el interior de la Quinta de Palmyra todo eso se remansaba más y las humedades del jardín se hacían compota en las compoteras de cristal tallado, de las que es agradable tocar la calidad de piña de cristal que tiene la tapadera.
Los muebles estaban pasando una temporada de primavera eterna, y por eso se les veía plácidos, como dedicados a la lectura y a la conversación.
En el centro de los grandes salones había asientos como esos de los Museos, que dan toda una vuelta alrededor del tronco redondo del respaldo. Sobre el pináculo de su remate se erigía una estatua que unas veces levantaba una palma en lo alto y otras tocaba una lira.
Numerosos veladorcitos con ceniceros, libros y cajitas revestidas de conchas se acercaban a los grupos de asientos en actitud servicial.
Varios relojes ingleses, de gran esfera matemática y con algo de mapa, se alzaban sobre muebles confidentes.
Bustos con la melena Luis XV estaban colocados en las esquinas de las habitaciones, resguardándose en las esquinas, y como dejando sitio para el paso para disfrutar una vida disimulada y pacífica.
Por detrás de todas las conversaciones, escondidos en un esquinazo, estaban sus cabezas.